Abro la puerta y me está esperando. Sus maullidos me reciben. Busca mis piernas y se frota contra ellas. Me sigue a cada paso. Hasta en el baño. Ya me he acostumbado a hacer mis necesidades con él rondando de acá para allá. Roza su naricita contra mis piernas. Es adorable. Cuando estoy en otro lugar, seme hace extraño no ver a esa bolita naranja corriendo delante de mi. O tumbado en sus lugares preferidos. Mientras escribo, lame mi antebrazo. Siento su calor y su respiración.
Una vez superado el miedo y la desconfianza, su cariño es inmenso. Ronroneos. Pequeños ruiditos de satisfacción. Lametones.
Es un pequeño ángel de cuatro patas que ya lleva dos años a mi lado.
Gracias por tu cariño gatito bonito.

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