Justo cuando subo al autobús pienso en la calma y la prisa. Querer que llegue mañana o pasado. Querer que llegue el final del día. La prisa y la ira. Cuando todo parece pasar demasiado deprisa o demasiado despacio, cuando las cosas por hacer se acumulan y todo te me enfada.
Bajo el calor del verano, el aire cálido y asfixiante, esos sentimientos parecen lejanos e irreales. Los días fluyen. Muchas horas dormidas y calma. De nuevo siento que repito todo esto como un mantra, como una mentira repetida mil veces para lograr que sea verdad. Pero en parte es verdad. Tengo días buenos y días menos buenos y sigo siendo solitario e introvertido. Pero sigo adelante.
La tripa llena, Marco tumbado en un rincón y una película en la tele. Calma y sudor.
Buenas tardes y buena suerte.
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