En reposo, la máquina hace unos ruiditos curiosos y no muy tranquilizadores. Pero cuando la camilla se mueve al centro del imán empieza el espectáculo. Boca arriba. Cascos, respiración diafragmática e inmovilidad absoluta. En parte me recuerda a mi día a día: trabajar con los cascos puestos intentando que la música tape los ruidos y voces de fondo, a veces ciertamente irritantes. En algún momento el ruido de la máquina me recordaba a una sinfonía enloquecedora de música electrónica.
Era tarde pero no estaba cansado porque la semana fue corta. Ni siquiera me molestaban las rodillas incluso después de andar un par de estaciones de metro. La mañana no fue apenas cansada (menos que la anterior) y a pesar de momentos completamente surrealistas, me lo tomé todo con más calma. Se ve que soy capaz de aplicarme las sabias palabras de mis particulares maestras.
El lugar no me gusta pero no me resulta desagradable ni me pongo apenas nervioso. Los hospitales no me gustan pero estoy más tranquilo.
Justo cuatro meses después, por fin estaba a punto de lograr un diagnostico que no fuera por eliminación. Las últimas semanas me siento mejor pero no se si es simplemente por el tiempo de descanso y el calor.
Una nueva pausa. Duermo mejor, estoy tranquilo. Avanzando.
*La máquina de resonancias me recordó a películas como X-Men, 2001, Matrix -no podía ser de otra manera- y alguna que otra más-
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