Estas últimas semanas apenas escribo y temo que se me escurran momentos importantes. He aprendido, quizás esa no sea la palabra adecuada, sino que me he dado cuenta de que no necesito escribir todo lo que siento/pienso/me pasa. Por eso dejé el diario, y simplifiqué la maraña de blogs (discreto y personal, abierto e intrascendente) por uno sólo. Como casi siempre la diarrea de las palabras me asalta en momentos intensos, por malos o por buenos. Ahora hace meses que no tengo ni un día ni una noche desastrosa y todo fluye suave y apaciblemente.
Estoy deseando que llegue el viernes para empezar mis pequeñas vacaciones, descansar, visitar lugares tranquilos y especiales ....
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