sábado, 7 de marzo de 2015

El lejano país de los estanques

Otra CCAA. Un paisaje diferente. Mucho. Nací en una gran ciudad y aunque su paisaje no me desagrada, el ruido, las concentraciones de gente, los atascos y las distancias enormes (puedes tardar horas literalmente en ir de un lugar a otro) a veces me saturan. Aquí todo es diferente. Los espacios y el horizonte, son más abiertos. Campos de cereal, de olivo y almendros. Pequeños cerros, colinas, montañas. Y en buena compañía.

Intento no preguntarme cada día como estoy, cuando me curaré, si volveré al amargo pozo de la ansiedad/depresión. Aquí los retos son distintos. Me llevo mejor con el que me dio la vida y soy mucho más sincero y abierto con él. Intento no tomarme cada palabra como una afrenta. Pero vengo del mundo del ruido. Y aquí todo es diferente. Todo. Se que no voy a socializar apenas nada. Pero puedo pasear en bici. E intentar acostumbrarme a los pedales automáticos. Y poner unas preciosas manetas de cambio, para que mi vieja bici de asfalto vuelva a estar operativa y con todas las coronas disponibles. Intentar dormir mejor (algo que haré, intentar dormir, en cuanto acabe de escribir esto.

Reflexiono sobre la terapia. Cada sesión es una avalancha de información. Ponerla en práctica no es sencillo. Intento hablar y expresar lo que siento. Me enervan algunas cosas. Pero bueno. Cada uno llevamos nuestra mochila de pena a la espalda.

Sigo viviendo un instante mágico. Complicidad, aprendizaje, amor, compresión, sexo. Todo mutuo y recíproco. Todo fluye.

Se cierra la puerta anterior. No puedo salvar a todo el mundo. Las personas a veces actuamos de forma impredecible e irracional. Lo que pudo ser y no fue es el pasado. Y me centro en el presente. Y lo disfruto.

Te quiero.

2 comentarios:

  1. Hay que conocer nuestros límites, intentar ir más allá, pero sin "hacernos daño".

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    1. Encontrar el equilibrio entre lo uno y lo otro es, cuanto menos difícil.

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