La cuarta semana. Estar en un lugar limpio, ordenado, con herramientas que poder tocar, y sofisticados materiales, y adhesivos, es muy bonito.
Pienso en las veces anteriores, en los entornos más o menos hostiles, en la ilusión, en los momentos difíciles y, sobre todo, en cómo terminaron. La esperanza, que parecía cercana y factible, de conseguir un trabajo y acabar la época de precariedad (y aprendizaje y formación, a todos los niveles).
Como le he dicho a mi copiloto, he de encontrar un equilibrio entre las expectativas poco realistas, los cuentos de la lechera y el catastrofismo y la rumia.
Soy más hábil de lo que creo. Ahora a dejar correr a bici (o el viejo Ibiza 6L1) y a disfrutar. De tener energía y de no colapsar y de tener tiempo para descansar.
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