Pienso en lo vivido desde el 17 de mayo de 2022. Mi sueño se rompió. Sé que podría trabajar en el sector de la automoción, pero en un puesto adaptado a mi condición o neurotipo, cosa que nadie me ofreció. Pienso en la burocracia y el ruido, todas las trabas para ver en un entorno amable y cada pocas semanas, no meses, para ver a profesionales de la salud mental que me ayudaron y me ayudan. Los malos entendidos ... Pienso en las noches de insomnio, las revistas, las lecturas, los lorazepanes, los muchísimos paseos en bici, y los destellos. La gente que estuvo a mi lado.
El curso fue ruidoso y poco amable. Necesité de todas mis fuerzas, de más medicación. En realidad mejoré, con la primavera y con un entorno mínimamente más amable.
Pero también conocí a jóvenes adultos maravillosos.
Al acabar el primer curso, sentía una mezcla de orgullo y de hastío. Orgullo, por superar un curso TAN difícil, por las notas y el aprendizaje, por los mosqueteros. Hastío por el ruido y decepción por tomar EL DOBLE de medicación que el año anterior.
Llegaron las prácticas. Muy intensas. Se vieron marcadas, desde la mitad o el final, por la maquinaria horrible de la discapacidad, la falta de empatía y de adaptaciones, de nuevo, por los malos entendidos.
Que amargo final, de no tener salud mental, de las decepciones y los mil inconvenientes. Desde el coche que se rompió al robo del catalizador. Además, tuve que usar fuerzas que ya no tenía en descubrir lo que había pasado con la discapacidad. Y no tener ingresos, igual que el año anterior, pero ahí había una promesa de prácticas.
De nuevo, como dos años atrás, usando medicación con mesura y con largos paseos en bici, revistas, libros, cochecitos, playmobil y legos.
Mi familia, si bien le costó entenderme, siempre estuvo a mi lado. Y mi familia de afectividad me cuidó con mensajes, llamadas, comidas ...
Poder ver a mi psiquiatra cuando ambos lo necesitábamos, lo resolví con mas eficacia y elegancia, poniendo más pasta encima de la mesa y con consultas mucho más adaptadas y largas.
Y llegamos al curso más intenso en lo académico, pero más amable. Casi tanto como en pandemia. Con menos trabajos en grupo, mucho mejor en pareja, y con la magia de la comprensión y de la tolerancia. A pesar del dibujo y de los mil exámenes complejos, a finales de diciembre, volvía a estar como cuatro años antes, con la mitad de medicación.
Y el final de curso fue amable. Y, como 4 años atrás, hubiera agradecido más clases y estar más en el taller y hacer más cosas. Me dio pena despedirme de ellos y ellas.
Las x2 semanas de prácticas fueron intensas y cansadas, pero ya están hechos. Y, a partir de ahí, días amables: familia, lectura, lego, paseos.
Y, como en 2021, pude dejar la medicación. Hace un año, entre burocracia, ansiedad, pequeños desastres, no lo habría podido ni soñar. Es genial.
Estoy muy orgulloso de mí. Mucho.
He salido en bici un par de veces, ha dado largos paseos, he montado algún lego, he leído y lego, series, películas. Dos noches durmiendo perfecto ...
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