Permitirme sentir. Permitirme estar mal. Poder reflexionar sobre todo lo que ha pasado. Y permitirme descansar. Porque no todo son consultas de psiquiatría y psicología, con lo agotadoras que son.
Ahora vuelvo a volar por encima de las nubes, con el sol del atardecer acariciando mis planos.
Expreso mis miedos. Y la vulnerabilidad amable y recíproca. Al menos en psiquiatría no me tengo que desnudar físicamente, anímicamente siempre. Y en eso la complicidad es TAN importante.
Si, con una dosis máxima de antipsicóticos podría no sentir. Pero ese no es el objetivo.
Ahora a disfrutar del aprendizaje, a descansar. A asimilar la consulta. Los destellos, los matices. A paladear la calma. Por encima de mis miedos coherentes pero muy alejados de la realidad.
Siempre puedo más de lo que creo.
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