Creo que ha sido la vez que menos ansiedad he sentido el primer día en un nuevo trabajo. Me costó dormirme porque estaba demasiado acostumbrado a acostarme de madrugada y despertar bien entrado el día (que es lo suyo de vacaciones). Pero no me costó levantarme, ni ducharme ni nada. Y en el trayecto de ida iba escuchando las noticias sobre la erupción volcánica. Ni ganas de llorar o lágrimas como en otras ocasiones (quizás no en el primer día). Y fue todo sencillo y fluído.
Es el trabajo que imaginaba: algo en lo que pudiera utilizar tanto mi experiencia y formación previa como lo aprendido en el último año, pero además rodeado de coches.
Ahora a meriendicenar y a descansar. Con la satisfacción de haber superado un primer día. Lo que más me gusta es mi nuevo "aplomo" y poder contar a personas que me importan cómo me ha ido.
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