He buceado en lo que pasó en Junio Y Julio. Que se me antoja están a un año luz. Al menos, a más de medio año. En realidad, faltan como 2 meses y medio o menos para que vuelva a ser junio.
El año pasado, el inicio del teletrabajo, y de la incertidumbre. Al final la incertidumbre se retrasó. Podríamos decir que hasta esa segunda semana de junio maldita. He releído despedidas varias. Me han emocionado. Creo que no me ha hecho mucho bien pero soy muy de recordarlo todo.
Pero ahora es diferente. Después de dos meses sin medicación, de dos evacuaciones. De acabar de hacer unas tares muy bonitas. De aprender cosas nuevas. De ser un poco como ese anciano que soñaba en febrero de 2018, pero tres años después. Esos destellos: los talleres literarios, el scooter eléctrico del Salón de la Moto, los mensajes de Whasapp, audios, llamadas. Los perretes. Compartir momentos y paisajes preciosos. Ver el mar. El piano. Los desayunos y paseos. También esa furgoneta VW T1 tan bonita, primero en papel y luego en vivo, en ese salón de coches clásicos. Los teleperretes varios. Y aprender a arreglar cosas, los talleres de máquinas de tierra y de máquinas de volar.
De los negros pensamientos de soledad y locura y de ganas de no ser, a todos esos momentos maravillosos de complicidad, de interacción, de superación y autoconocimiento.
Creo que el balance es muy positivo.
También he releído los informes de la(s) psiquiatra(s). Es muy raro verse reconocido en las palabras de un médico. Ay. Pero es maravilloso ver los avances, semana a semana.


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