Dormir en una cama diferente a la habitual me afecta un poco, pero nada grave. Al final logro quedarme profundamente dormido. Tanto en una cama de sobra conocida como en un "diván de hotel" como diría el gran Manolo García. El penúltimo viaje me sentía claramente peor. Náuseas a la ida, dormir fatal, y estados de ánimo cambiantes. Ganas de llorar. Ahora eso parece olvidado, como en una vida anterior. Aunque no estoy libre de volver a tropezar. De volver a caer.
Sueños muy vívidos. Sueños que podrían ser reales: situaciones y personas con las que convivo a diario, en el trabajo. Pero por fortuna ahora la calma prevalece. Ni estoy alterado ni soy tan kamikace. También soñé con antirrobos para mis bicis de vivos colores, frenos de disco, viejos frenos hidráulicos magura. Y conversaciones que podrían ser verdad con una compañera de trabajo que me cae bien. No es lo que puede parecer, sino una conversación intrascendente.
Conducir hasta allí no me resultó nada complicado, más bien incluso agradable. Aunque ya no estoy acostumbrado a esa máquina, y se me paró un par de veces maniobrando. Ups. Paisajes, lugares diferentes, campos diferentes.
Recorrer una nueva ciudad. Andar mucho, suculentas comidas, sencillas cenas. Lugares preciosos. Resultó muy agradable. Lo único echaba de menos a Marco y pensaba que el calor y la soledad pudieran afectarle. Pero es un gato muy duro y a la vuelta me maullaba como siempre, aunque con maullidos más lastimeros. Ay! esa preciosa bolita naranja.
La vuelta a casa implica calor, pereza y melancolía. Retomar la rutina del gimnasio, tareas domésticas, paseos ...
Todo es fluido y agradable. Y me gusta sentirme así. Aunque en días como hoy, me pueda la pereza.





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