Cuando un avión entra en pérdida deja de volar y empieza a caer.
Así me he sentido muchas veces, en el vacío, intentando volver a volar. A veces a punto de dejarme ir, de soltar los mandos y estamparme contra el suelo.
El pasado no se puede cambiar. Lo que ocurra desde ahora, la madrugada del 17 de agosto de 2020, sí.
A veces todo es tan agotador. Aquí hay espacio y silencio relativo. Y puedo arañar la calma.
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