*Como la preciosa canción del primer disco de Manolo García. Que suena a 1999.
Semana intensa pero no realmente agotadora. He tenido energía para hacer la compra.
Después del primer capítulo importante (la necesaria y preciosa consulta con mi psiquiatra), el segundo. La tutoría. La amistad también consiste en comprender, escuchar y estar. Respaldar. Sentí que no estuvieran muy a gusto en las prácticas, por distintos motivos. Espero se pueda solucionar. Son muchos meses.
A diferencia del mes anterior, no me quedé sin cucharas. Estaba un poco cansado por la socialización extra y por el ruido. No echaba de menos a unas 20 personas hablando a la vez. Lo más bonito fue socializar y con los mosqueteros de los raíles. Aunque echaba de menos a uno. Espero que pueda encontrar su camino.
La gente sin empatía. Incapaz de ponerse en la piel del otro.
Intentaba pasar inadvertido. Como un gato negro en la penumbra. Pero, después de todo lo que pasó el curso pasado, era imposible. Recordaba las reuniones (las inútiles y las útiles) con personas muy importantes (y mi tutora) en las que me sentía pequeño e incómodo, pero era capaz de ser asertivo.
Mis miedos en consulta son, básicamente, 3:
- Que no me entiendan.
- Que minimicen o invaliden lo que me pasa.
- Que interpreten (psiquiatras) que mi vida peligra y me ingresen.
El martes fui consciente de que tenía estereotipias antes y después de la consulta, en el camino al hospital
Bicis singlespeed multicolor mientras llega la hora de la consulta y podré hablar, desde la comodidad de mi casa, con mi psicóloga maravillosa.
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