Cenar con los compañeros del taller. Tan fácil y tan complicado. Ayer me volví a sentir parte del mundo. Que lo soy. Si hace justo un año fue un reto de minutos, ayer fue un reto de horas. Y no me sentí para nada fuera de lugar. Bueno, al principio pensaba que se me haría largo, pero no lo fue.
Sigo relacionándome a pinceladas y me encanta.
Muchos relatos escritos, momentos compartidos con los compañeros. O en el trabajo comiendo y desayunando acompañado.
Y es precioso.
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