martes, 25 de junio de 2019

CP (Comboios de Portugal)

La sensación poco a poco se va desvaneciendo. Cómo el eco que deja una nota grave de piano en el aire. Esa mezcla de calor en la cara, de nervios (ya no infinitos) de leves ganas de llorar, de ilusión, de satisfacción por los muchos y pequeños pasos dados.

Te conté un resumen de lo ocurrido desde mayo. Cómo poco a poco soy más sociable. El simple hecho de comer acompañado o esperar a un compañero en el camino de regreso a casa. Sé que tú vas a valorar mis avances.

Te hablé incluso de los detalles que se me quedaron en el tintero en mayo. Ser presidente de mesa no es un drama. Las muchas horas dormidas. La facilidad de la rutina.

Todavía necesito tu criterio para saber que el camino es el correcto. Para confirmarlo. Sé que avanzo.

Te hablé de mis miedos puntuales e irracionales a empeorar-de-verdad y acabar ingresado en psiquiatría. Cosa que no tiene ninguna base lógica.

Te enseñé mi botiquín de la suerte en el que hay casi de todo. Desde lorazepam (que es como llevar una multiherramienta o una cámara cuando voy en bici) a una linterna o lágrima artificial. Tomarlo ya no es un drama.

Si en noviembre pensaba en cuando dejar la mirtazapina y que me propusieras seguir con ella fue un pequeño drama, hoy me sorprendió que me propusieras no tomarla algún fin de semana. Por probar. Para adquirir más confianza y ver que puedo dormir por mis propios medios.

Talleres, cena, tomar algo con los compañeros. Pequeños detalles súper importantes y preciosos.

Hoy me siento muy a gusto conmigo mismo. Y el trayecto en exóticas y únicas combinaciones de medios de transporte no me resulta cansado.

Soy como un pequeño automotor diesel de CP que a veces necesita un poco de ayuda para seguir recorriendo las vías.



Mi vida.

Sólo se ser yo pero me gusta mi yo. Me gusto yo. Y es precioso.

Lectura, tripa llena, película de submarinos. Una tarde apacible.

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