Me sorprende y alegre cuando reconozco lugares en una película. Lugares que he recorrido casi a diario o en los que he vivido. O ciudades en las que me siento como en casa, que me traen recuerdos dulces y nostálgicos.
Hace mucho calor y todo sigue más o menos igual. Los daños colaterales siguen ahí pero es algo desdibujado, que apenas se hace notar. Tiene un tacto áspero, como de hormigón. Recuerdo las torres de alta tensión cerca del Puente de San Fernando, en esa bajada de la autovía, pintadas de blanco y rojo. Así hago mis propias marcas, como un piloto del Dakar marcando los peligros en el libro de ruta. Entre el blanco y el negro hay infinitos matices. Entre al agrado y el desagrado. Intento mantenerme alejado de personas negativas y de situaciones absurdas que me saturan. El calor me apaga bastante y realmente solo me apetece estar tumbado, leer, ver películas y series, beber mucha agua fresca, escuchar música y podcast. Comer queso, pizza y patatas fritas (afortunadamente no me alimento sólo de eso).
Hoy giro un pomo de aluminio en el salpicadero de mi Nissan T1 diesel virtual y reduzco la presión del turbo. Los buenos pilotos saben cuando toca reservar fuerzas ....


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