Dover suena de fondo. Un disco que me recuerda al verano de 1999 -cuando escuché en la radio alguna de las canciones que lo componían, sobre todo DJ- y a febrero/marzo de 2000, cuando gracias a un compañero de estudios pude escuchar el disco entero.
Me vienen recuerdos lejanos, fugaces e intensos. Todos parecen a un año luz de distancia -y es verdad, porque el pasado nunca vuelve- pero a la vez sigo siendo la misma persona. Mientras coloco el cd en el lector pienso que entonces también estaba rebotando, aunque todavía no utilizaba esa palabra para definir cómo me sentía. Sabía que algo estaba mal, no el qué ni cómo solucionarlo.
Se que estoy rebotando. Soy consciente de ello. Se que la alegría, la euforia, la energía que siento ahora es frágil, efímera, y que acabará por escurrírse entre mis dedos largos y delgados. Como un puñado de arena.
Ahora ya no siento esa energía, esa alegría tan arrolladora, tan explosiva. Pero a la vez la pena no me puede tantas veces. A veces estoy alegre y no se por qué, a veces tengo ganas de llorar también sin aparente motivo, pero todo es más suave, más fluido, más filtrado. El comienzo de año ha sido complicado y hace un par de semanas me alteré demasiado por ejemplo, pero todo vuelve a su cauce. Vuelvo a dormir estupendamente -me despierto de día los fines de semana y ya no dudo si seré capaz de dormir entre semana-. El pequeño paso atrás de principio de año parece haberse revertido.
Aun así me cuesta socializar. Y te echo de menos.
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