sábado, 13 de mayo de 2017

Capítulo segundo

Una ciudad preciosa y buena compañía. Quizás, la mejor de las compañías. Porque es hábil planificando sitios que visitar, dónde comer. Y porque sus conocimientos de arquitectura y arte le convierten en una excelente guía.

Ninguno de los dos estábamos en nuestro mejor momento. Esos días de ruido en la mente y sentimientos a flor de piel. Ya no recuerdo si me costó dormir -cuando no duermo bien lo hago peor en una cama que no es la habitual-.

Una ciudad por recorrer. Una ciudad preciosa. Una ciudad con mar.

Años después volví a recorrer esa misma ciudad en su compañía. Pero ambos éramos distintos. Ligeramente distintos.

Recuerdo detalles fugaces. Tendría que recurrir al diario -seguramente muy detallado- y a las fotos. Parte en papel. Parte con una diminuta cámara digital de calidad muy mejorable, pero que entonces era la única que tenía, y me encantaba. Atrapar instantes y luego volver a verlos en la pantalla del ordenador. Sin revelados.

Ha pasado el tiempo y somos en parte iguales y en parte distintos. Ahora cada uno con su espacio. Pero seguimos estando cerca y en contacto.

Gracias por todo. Gracias por tu ayuda y cariño.

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