jueves, 17 de noviembre de 2016

Destellos

Destellos.

Una canción. Una canción sonando en mi mente. Recuerdo con canciones e inmediatamente me transporto a ese tiempo. Años atrás. Un yo quizás igual, quizás diferente.

En un mar, un mar de tristeza. Con destellos de calma y bocanadas de alegría. Quizás no un mar continuado de tristeza, quizás más un mar de días opacos de la misma tonalidad, salpicados de tristeza. E insomnio.

Ahora no es perfecto, pero es un mar de calma. Con destellos, de alegría y de tristeza, pero más de alegría. Sigo siendo básicamente introvertido, tímido, reservado, reflexivo. Pero aprendo a (intentar) darle menos vueltas a las cosas. Y a ser un poco más payaso y excéntrico. Construyendo una especie de coraza que a veces no es ni siquiera coraza (porque en realidad soy así de peculiar y me interesan cosas muy diversas).

Destellos.

Me sigo emocionando con mucha facilidad. Alegría, nostalgia, pena, enfado. Pero con menos intensidad. ¿Eso implica que la alegría sea menos intensa, más filtrada? Creo que no. Creo que sólo estoy logrando cierta calma. Mar de calma. Plateado y apacible.

Destellos.



Los coches de rallyes indican el momento óptimo de cambiar de marcha con secuencias de leds de distintos colores. Verdes, azules y al final rojos. Los testigos de alerta también tienen su código de colores. Un chivato rojo es indicativo de que algo va mal. Después de algún tiempo con muchos chivatos rojos brillando, ahora son más verdes que rojos.

Buenas noches y buena suerte.

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