Ha pasado el tiempo pero me sigo enfadando con gente a la que quiero. Afortunadamente no muy a menudo.
Pudo ser y no fue.
Pero lo inesperado llegó. Todo lo que empieza, acaba. Acabó. Queda melancolía. Vacío. Pero también una preciosa amistad.
Sin estar al 100%, he dado un gran cambio como persona. Sigo siendo yo, tímido, meticuloso, tendiente a volver al pasado y a darle muchas vueltas a las cosas pero veo la vida de otra forma. Duermo estupendamente desde un año y casi un mes, y sin ese momento puntual, desde febrero de 2015. Y ya son muchos meses sin sustancias ajenas a mi, pero necesarias, corriendo por mis venas.
Quizás ya está todo el pescado vendido y ahora lo veo todo de otra manera. En fin, lo que tenga que ser será.
Sigo siendo emotivo, me emociono por todo y casi todo me afecta, pero de una forma más liviana. Por ejemplo el enfado y la tristeza de ayer hace dos años me habría llevado días recuperarme de ella.
Sigo adelante.
Ha pasado tiempo desde ese fin de semana surrealista de septiembre, seguido de un no menos surrealista final de semana y principio de la siguiente. Días complicados pero importantes. Y he llegado hasta aquí. Hace mucho tiempo que no pienso en cosas raras. Melancolía a veces. Otras no saber que hacer con mi tiempo libre (por lo pronto ... ¿qué tal irse a la cama y mañana salir en bici?). Pero nada más.
Tengo más confianza (a pesar de días como el de ayer) con la gente a la que quiero. Y una personita está siempre ahí. Un ser especial. Un ser casi mágico.
Buenas noches y buena suerte.

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