jueves, 21 de julio de 2016

Teardrop


Temo a los males del cuerpo. A la muerte. Al sufrimiento. Sobre todo de los que más quiero. Pero sobre todo temo a los males de la mente.

Aparentemente todo puede estar bien, y sin embargo, en tu interior, a punto de estallar.

Y sentir que nada puedes hacer salvo escuchar y complacer.

Antaño soñaba con mi espacio, mi caos amable, con colores neutros (prácticamente decorado en tonos blancos y negros, con el suelo de tarima sintética anaranjado). Con cosas que me gustan como maquetas, legos, libros, revistas y bicis. Un lugar donde refugiarme del mundo cuando no te apetece ver a nadie. Ni quieres que nadie te pregunte nada si despiertas de madrugada y te pones a escribir.

Supongo que ella también.

Recordando noches propias y ajenas, pero siempre de gente querida, de angustia, desesperación e insomnio. Recordando también noches ajenas en que los males del cuerpo te llevan al hospital. Mandar energía. Poco más.

Sólo soy un humano pequeñito, algo menos pequeño y más calmado que antes, pero todo eso me sigue doliendo. Explosions in the sky suena en el portátil, Marco ha venido a saludarme y es hora de ir a dormir.


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