De vuelta a casa, en el autobús. Hace calor, calor del verano, de días largos en los que en torno a las 7:00 ya hay mucha claridad.
Pienso que llevo un montón de meses, desde octubre del año pasado, sin tomar paroxetina ni ningún otro medicamento para calmar mis nervios y poder dormir. No son días de color de rosa, tengo momentos de melancolía, pero no de tristeza infinita sin causa. A veces como hoy sueño cosas raras, pero nada me quita el sueño.
Sin ser un prodigio de sociabilidad (sigo siendo introvertido y vivo en mi burbujita) si que me relaciono mejor con la gente. Una comida con los compis del curro, en la oficina, y aunque no comparta muchos de sus puntos de vista y de sus actos, me siento a gusto.
Se que me queda mucho por hacer, pero el proceso empezado quizás en 2012 o 2013 sigue avanzando, despacio, con uno de esos diminutos platos de 22 dientes.
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