La unidad de tren 446 avanza en la oscuridad del túnel. Camino conocido. En un cercanías me siento casi como en casa. Sobre todo cuando no hay mucha gente. Un sitio donde sentarme, lectura y música.
Y entonces, un escalofrío.
Alguien pide en el vagón. Igual es más pequeño que yo. Alto, delgado, con el pelo negro. Su voz y sus palabras reflejan vergüenza, cansancio y desesperación. Venciendo la inercia de bajar la mirada y subir el volumen del mp3, rebusco una moneda en la cartera.
Tiene la oreja izquierda cubierta de esparadrapo. Heridas del cuerpo y del alma. Soy afortunado. Trabajo, casa, familia, salud y cordura. Escalofrío. Yo podría ser el.
Soy afortunado. Y disfruto el momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario