El poder de la música y la memoria. Manolo García me lleva a 1999. A Febrero. 1999. El año después del año que todo cambió. Lo que estudiaba me resultaba interesante, pero no apasionante. Me llenaban más las revistas de bicis, motos y coches. Los libros de fantasía. La música. Y mis relatos inconclusos, como aguas confinadas, que nació entonces, el otoño anterior.
Ahora me gusta todo eso, me sigue gustando, pero me encanta lo que estudio. Me agobio por pequeñas cosas, pero a la vez tengo un aplomo, una calma, que no recordaba. Y dormir es precioso.
Ahora, sin dejar de ser yo, puedo escuchar a Manolo García, leer un catálogo de scooters ya un poco ajado o continuar una nueva versión de alguno de esos relatos inconclusos.
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