Tengo un saco lleno de mimitos. Un saco marrón, de tela gruesa, remendado, húmedo por el rocío de las noches de otoño y por las lágrimas. Manchado de tierra y de grasa. Pero lleno de abrazos, y de sonrisas con los ojos y de "te quieros" susurrados y de "todo va a ir bien". Y de "estoy a tu lado, no puedo borrar tu dolor (lo haría si pudiera) pero estoy aquí".
Ese saco se vació bastante en Junio-y-Julio, pero poco a poco se va colmando de nuevo de abrazos y besos y caricias. Confieso que me encanta repartir mimitos virtuales. Y, a veces, esos mimitos se cuelan al otro lado de la pantalla y dejan de ser virtuales.
Buenas tardes y buena suerte.
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