sábado, 19 de septiembre de 2020

Colores, imágenes, otoño, nostalgia.

Volver aquí me genera emociones contrapuestas. Por una parte, me siento muy a gusto. El espacio, el silencio, los paisajes. Mi habitual guarida, llena de cosas que me gustan y que me traen muchos recuerdos. Pero me siento de nuevo ese chico tímido que pasaba horas, días, hasta semanas, aquí, la mayor parte de las veces solo. La soledad no me asusta. Incuso necesto de mis momentos de soledad y silencio. La soledad no buscada o impuesta, si. El no poder contar cómo me siento a nadie. El sentirme solo rodeado de gente, diferente, un extraterrestre, un androide, un ser humano averiado incapaz de ser entendido ni entender a los demás. Un mundo en dos dimensiones: libros, revistas, música, fotos, y miles de archivos atrapados en las memorias de ordenadores, móviles ...

(De fondo, The moon is down, una canción intensa, agridulce, inolvidable).

He salido en bici, y también a pie. Me he maravillado con los colores del otoño y con las posibilidades de la cámara del nuevo móvil. He podido descansar, incluso dormir una especie de siesta. Pero a veces me embarga la nostalgia.

Fotos ...

Con diversas cámaras digitales y móviles, desde 2003.

Con clásicas cámaras de carrete, como de 1993 a 2004.

La conexión es lenta, pero aun así puedo compartir varias imágenes, de hoy ... o de hace once años.








Un trabajo del que vivir, un lugar en el que vivir, dormir y que el estado de ánimo sea más o menos estable. Lo voy consiguiendo. Ahora toca buscar y, mientras tanto, estudiar.

A veces me abruman mis altibajos, los más de dos años y medio de tratamiento (con meses, o, incluso un año, durmiendo bien, incluso más de 6 meses sin medicación). El miedo a empeorar y acabar con un ingreso involuntario, cosa que está completamente alejada de la realidad, pero que todavía me asusta los días menos buenos. Ir a consulta es la mejor forma de enfrentarme a ese miedo irracional. Y escribir cómo me siento.

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