La vuelta a la rutina no ha sido demasiado horrible. Nada horrible. Después de unos pocos días de descanso, retomar la rutina. Me ha dado tiempo a ir, a venir, a dormir muchísimas horas y a desconectar.
Todo sigue más o menos igual. Lo que hace un año y más de seis meses se antojaba inmediato ahora sigue siendo semieterno. Paciencia de nuevo. Es que han pasado casi x6 meses desde entonces.
Lo único, en el trayecto en el metro tuve algún momento de náuseas. Que ya se me van pasando.
Y a seguir adelante.
La vuelta a casa mejor, sin náusea. Y, al parecer, lo que empezó en Diciembre de 2017 (y que fue desencadenante de mi ansiedad en parte) no va a tener resultado positivo. Lo que tenga que ser será. El no ya no lo teníamos. Si en un futuro he de buscar un nuevo trabajo, un nuevo hueco pues lo haré.
Todavía tengo miedo a encontrarme mal. Miedo al miedo. Sólo lo expreso a muy pocas personas (la psiquiatra básicamente) pero es un progreso expresarlo. Enfrentarme a mis miedos. Y no repetirme a cada poco que soy un desastre porque no lo soy
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