Seguir intentando dormir o, quizás todavía desde la cama, comenzar otras actividades (básicamente, leer, navegar por Internet o escribir). Quizás con el grado de calma suficiente podría volver a dormirme. Pero, aunque estoy bastante tranquilo, todavía no tengo esa calma para dormir todo lo que necesite cuando tengo tiempo para ello. Por eso, a veces los fines de semana son casi tan agotadores como los días de diario. Lo escribía en un blog que lleva durmiendo el sueño de los justos hace 4 años y casi tres meses: comenzar el día derrotado. En invierno, todavía es de noche. Incluso hay días oscuros (planos) donde la claridad apenas cambia en todo el día. Un día laborable, en algún momento llega la hora de levantarse. El despertador hace semanas que no lo escucho, lo apago mucho antes. La rutina de la ducha, verstirse, ir al trabajo en transporte público, a veces es incluso agradable, otras, no lo es tanto. Los humanos y sus ruidos humanos pueden saturar mi mente ya saturada.
Estoy en la cama. Una cama grande y firme. Al alcance de mis manos tengo cosas que leer (libros, revistas), un mp3 con música y el móvil, que sirve un poco para todo: para leer, para escribir. Y contiene redes sociales y ese famoso programa de mensajería con el que me comunico con algunas personitas importantes para mi.
Me apetecía escribir un texto largo, por lo que me he levantado a por el portátil. Es apenas un poco más grande que el pequeño asus de 9", pero mucho más fino y ligero. Aun así tiene un teclado "de verdad", más pequeño que el de un pc, pero con el que se puede escribir infinitamente más rápido y con más comodidad que en el mejor de los móviles o tableta.
En el exterior amanece. Presiento será un día como el de ayer, plomizo, pesado, oscuro. Me gusta la sensación de estar despierto cuando todo el mundo duerme. El silencio. Sólo escucho un rumor grave y lejano (se me antoja algo así como un grupo electrógeno, no sé que será) que, de tan bajo suena, no puedo identificar. Escuchar el silencio. Me escucho respirar, teclear, nada más. Pero es un silencio amable. No es para nada pesado, como otras veces. Opresivo. Cuando los minutos y los segundos se alargan como si fueran de chicle.
Se puede decir que ya es navidad. Los productos navideños llevan en los supermercados desde Octubre. La iluminación navideña, desde noviembre. A mi no me entusiasma la navidad. Agradezco el pequeño descanso y la oportunidad de cenar y comer con seres queridos. Pero, por lo demás, me parece una fiesta de alegría y consumo impuesto, artificial. Me puede apetecer comer algo distinto, pero no más cantidad de comida. Me puede apetecer regalarme o regalar algo, pero tampoco lo siento como una obligación. Si tuviera hijos (a mi edad mi padre ya tenía 3) o al menos sobrinos sería diferente. No tengo pareja, estable o no. No me siento capaz de ser padre. Biológicamente soy fértil desde hace más de 20 años, pero mentalmente es una ¿tarea? que se me antoja imposible. La gente de mi edad, o incluso 10 años más joven, se ha emparejado y tiene descendencia. Parece lo normal. El ciclo de la vida. Yo, mientras tanto, intento comprenderme, calmarme y, volver a relacionarme con la gente. Crear vínclulos de amistad. O, al menos, que conversar e interacturar con otros humanos no me resulte desagradable.
Final de año. Hoy es 22. 11 días y 2018 será historia. No lo podré olvidar. Igual que recuerdo las navidades de 2014 a 2015. Igual que recuerdo lo que ocurrió hace un año. A finales de Noviembre de éste año pensaba que 2018 no había servido para nada, que volvía a estar en la misma situación un año más tarde, pero no es verdad. Tareas que no estaban entre mis objetivos al comenzar el año, al volver ir a varios médicos, poco a poco las voy cumpliendo. Y es muy bonito.
Desde que empecé a escribir ha pasado casi media hora. La luz no ha cambiado en la calle. Es igual: plana y pesada. Son los días más cortos del año. Las noches más largas. La noche es ideal para dormir y para amar y ser amado. Pero las noches de insomnio y ansiedad son eternas (he vivido algunas durante el último año). Ahora no puedo dormir más, pero estoy en calma. Es una calma extraña, pero bonita. Quizás mañana, o pasado, o dentro de unas semanas, la calma sea más intensa y despierte a las 8 de la mañana después de muchas horas de sueño.
El edificio parece despertar. Escucho ladridos, ruidos y voces lejanos, en otro piso, no se si superior o inferior. Me llegan filtrados a traves de la ventilación de baños y cocinas.
Buenos días y buena suerte.

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