Cuando las cosas relativamente fáciles se complican. Lo que era una autopista rectilínea se transforma en un camino lleno de BARRO, de charcos. Incluso con ríos caudalosos que vadear.
Interno. Externo. Propio. Ajeno.
No tengo un Land Rover Defender como el de Lara Croft. Ni en la plaza de garaje ni uno virtual, en la mente, en el corazón. Pero aún así no fue tan imposible cómo me parecía antes.
(Cascos puestos. Hay gente contándose la vida -cosa que hacen los neurotípicos- y una chica afinando la guitarra. No tendrá otro lugar para hacerlo. El MP3 rojo me está salvando el culo otra vez. En los otros asientos había más silencio).
Hoy igual si que necesitaría un todo terreno como el de Lara Croft para superar las trialeras. Peeeero todavía no lo tengo. En fin. Si todo hubiera ocurrido una semana después el camino (dentro del camino) hubiera sido más difícil.
Más horas dormidas. Más comunicación.
Hay gente que se mueve y que habla y que hace ruidos (música, ruiditos de móviles) a mi alrededor. Es un entorno poco amigable. Pero me encuentro mejor. Tengo música, lectura, agua y un poco de comida.
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