Todavía.
Todavía me acelero, me altero un poco. Pero mucho menos que antes. Me tomo las cosas demasiado en serio, pero menos que antes. Debería verlo todo desde fuera. Como algún tipo de obra de teatro absurda y surrealista. Ver sin tocar, sin sentir. Que alguna parte de ese pedazo de relidad me fuera indiferente. Lo voy logrando.
Desde luego compartir tiempo con la gente que entra en bucle no me ayuda, pero por otra parte intento socializar (que me cueste horrores). Lo de siempre: unos hacen o no hacen, los otros opinan y se quejan de lo otro, el ciclo se repite hasta el infinito y las mismas conversaciones por parte de unos y otros se repiten día tras día.
Entonces es cuando echo de menos a XC y a Venus, y también a NA. Desde luego con NA es distinto. A parte del mucho cariño que le tengo y como me ha emocionado e ilusionado verla de nuevo sobre la arena, sus conversaciones aportan y no son repetitivas.
Todavía.
Ayer repasaba somera y mentalmente los diez o veinte últimos años de mi vida. Más de la mitad de mi vida.
En prácticamente todos los años estallaba un episodio de tristeza, insomnio, ansiedad. A veces de días, otras de meses. Desde luego lo que he logrado en los últimos tres años me ha llevado a una calma y serenidad tan preciosa que nunca había logrado. Eso hace que vivir sea más sencillo, menos doloroso, más agradable que doloroso. Y que todo me altere menos. Y que, dentro de mi carácter tímido e introvertido, me relacione más con otros humanos.
Al final: que los tuyos estén bien. Poder dormir, estar calmado, no tener dolor. La felicidad es la ausencia de dolor, físico y anímico. Por suerte apenas he tenido dolor físico, y el poco que he tenido se ha pasado con algún analgésico puntual o con fisio. El dolor anímico es más difícil de curar. Parece. Desde luego no hay un paracetamol mental mágico como el que cura un resfriado o dolor puntual. Ni siquera mi amado y a la vez desasosegante Zolpidem (por mi temor a que me causara dependencia) me aseguraba una noche entera de sueño en los (ahora lejanos) días menos buenos.
Repitiendo como en un mantra ... pero incluso en éste año un poco convulso ... la calma es mucho más poderosa que la ansiedad. Empecé el año con el sueño alterado. Me enfado y me acelero a veces ante actitudes infantiles e insolidarias pero luego "pop", se poner distancia. Yo a lo mío y chimpun.
Flexible. Como la sofisticada suspensión de una bici de descenso que permite mantener las ruedas siempre pegadas al suelo y suavizar hasta los cortados más bestiales.
No puedo cambiar cosas externas a mi, pero si intentar que me afecten lo menos posible.
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