martes, 5 de septiembre de 2017

Pijama de tristeza

Abril. Cuando la luz es preciosa y el sol empieza a calentar. Primavera, los días van alargando poco a poco y el invierno queda atrás. Año 2003.

Iba subiendo por la calle de Alcalá (si, como en la zarzuela) de vuelta a casa, hacia el autobús. Volvía de una tarea cotidiana, vanal, comprar cintas de video.

Me sentía triste. Sin motivo aparente. Pero triste. Desganado.

Pensaba en la tristeza, un incómodo pijama de plomo que me pesaba mucho, que me impedía avanzar. Intentaba arrancarme ese pijama de tristeza sin saber cómo, pensando que quizás parte de mi piel se iría con él de conseguirlo.

De vez en cuando me vuelve esa sensación y no sé como sacar la tristeza de mi chepa.

(Publicado en otro blog en Agosto de 2006)

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