Hace 20 años -parece increíble que haya pasado tanto tiempo- imaginaba mis piernas como un viejo motor Guzzi. Hoy desde los primeros pasos (y ayer ... Y desde el viernes) hasta las habituales escaleras en Atocha, noto las piernas cansadas, con agujetas. Es una sensación mucho más agradable que esa otra conocida, entre la molestia y el dolor, que hace al menos un par de semanas no siento y no echo nada de menos, todo lo contrario.
El mismo camino. He encontrado relativa estabilidad. El horario y las tareas son agradables. Otras cosas nada agradables. Pero yo a lo mío y ya. Desde luego hace semanas que no me altero. Pretender que llueva hacia arriba es imposible. Seguirán las mismas tonterías, la misma falta de educación y respeto y la misma gente escurriendo el bulto. Dado que nada ha cambiado, no me sorprende.
Parece que estoy condenado a no tener lo que quiero y necesito. Pero ya se que sin buscar no encontraré.

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