Entre el blanco y el negro hay una gama casi infinita de grises. Multitud de matices.
Dejarse vencer por la desesperanza, por la tristeza, es quizás lo más sencillo. Caer en el bucle. Pensar que todos estos meses no sirven de nada, que han sido inútiles, tiempo desperdiciado. No. No completamente. Me conozco mejor. Parece que lo repito como un mantra, pero estoy más calmado. Las épocas menos buenas son más cortas. E incluso cuando el sueño se tuerce (muy pocas ocasiones) pronto logro estar lo suficientemente tranquilo para poder dormir toda la noche. He descubierto que el deporte casi a diario me sienta genial. Y soy un poco más abierto. El yo de entonces no es el mismo que el yo de ahora. Me agobio mucho menos.
Pero me he acomodado. No me gusta la incertidumbre, ni los cambios. Prefiero lo conocido, aunque diste mucho de ser perfecto, que buscar un nuevo camino. Ahora he empezado a buscar un nuevo camino, búsqueda que seguro será larga (meses, literalmente). Una parte de mi piensa que es demasiado tarde. Otra parte de mi asegura que todo tiene su momento.
Dudas, nervios, tristeza, pero también calma, un poco de alegría, conversaciones impagables, complicidad.
No todo es blanco ni negro.
Pensemos en bicis multicolores al acabar la jornada ...



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