El sueño de hoy ha sido surrealista. Ha tenido lugar poco antes de que sonara el despertador, por lo que mientras me duchaba lo recordaba con claridad. Ahora ya se me ha escapado la mayor parte de esos detalles.
Me habían seleccionado para ser parte de la tripulación de un avión medicalizado y una personita a la que aprecio me decía que estaba muy orgulloso de mi. A lo que yo le respondía que sólo era un sueño. Pero ella estaba no sólo orgulloso de mi en ese sueño. Ya en el mundo real y móvil en mano, confirmaba que esa sensación era cierta.
Vender analgésicos (tramadol y norotil) a la puerta de una farmacia. Vender muebles o algo parecido procedente de una mudanza. Intentar llegar al aeropuerto de Charleroi (Bélgica) de paquete en una moto y con la bici al hombro).
Discutir con mis hermanas. Lo peor del sueño. En sueños y días anteriores también discutía con mi sueño.
Mientras escribo esto, con un viejo vídeo del Dakar de 2000 de fondo, pienso que doy demasiadas pistas y que cualquiera de mis compañeros, sin duda hábiles con buscadores varios y redes sociales, podrían encontrarme. En fin. Me empieza a dar igual.
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