lunes, 18 de julio de 2016

Requiem for a dream

Una mañana de invierno. Camino de sobra conocido. Conversación trivial entre dos personas que no son desconocidas, pero tampoco demasiado conocidas. Palabras que significan más de lo que parecen querer decir. Hablamos de Marco (que ahora mismo pulula inquieto por mi cuarto haciendo complicado escribir éste post). De lo relajante que resultaría acariciar un gato. Y si, acariciarle resulta muy relajante. Ella también era compañera de gremio. Y casi una vez más, fui incapaz de pedirle el móvil. Quizás no se siente bien ahora. Quizás podría ayudarla. Quizás mi presencia y mi torpeza solo la harían sentir peor. Al final hay cosas que uno ha de arreglar por sí mismo. Con ayuda profesional y quizás algún paraguas químico.

De todas maneras no merecía un final de etapa tan amargo y surrealista. Y de nuevo eso me ratifica en que no puedo confiar en ciertas personas.

Hay cosas que no se pueden medir y no se su grado de sufrimiento. Sólo puedo mandarle energía, que probablemente no sirva de nada, pero es lo menos y lo único que puedo hacer. Suerte suerte y alegría.

Sigue nadando.

COME ON, PUSH!


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