domingo, 18 de octubre de 2015

Dejando la paroxetina (parte 2 y FINAL)

Por un vez, pequé de paciente en lugar de impaciente. En la segunda visita al médico (mes y medio después) sus palabras fueron claras: podía suspender la dichosa paroxetina inmediatamente.

No quise echar las campanas al vuelo. Me sentí bien, claro. Orgulloso. En apenas un año no solo había superado los días de tristeza infinita, insomnio y ansiedad, sino que además estaba libre de medicación. De nuevo quise ser prudente, porque no quería pasar de la euforia por lo conseguido a que en un par de días sintiera de nuevo náuseas o mareos.

Pero nada de eso pasó. A veces tengo una sensación rara en la tripa. Más rara que molesta. Y en contadas ocasiones, una especie de presión en la cabeza, parecido a cuando se taponan los oídos por cambios en la presión atmosférica.

Con voluntad se pueden superar los peores momentos. Y alcanzar la estabilidad sin necesidad de mediación.

Todo eso fue el martes, ahora es domingo y, después de 6 días sin ningún tipo de medicación (la dosis de octubre ya eran 5mg, rallando lo ridículo), me siento igual. Me siguen irritando algunas mamonadas, pero antes de llegar a casa ya lo he olvidado. Sesteo en en cercanías. Uso la bici para trayectos pequeños. Hago deporte: ya sea pilates, natación, aquafitness o aquapilates. Y siento bien en mi piel.

Como mi zulo está cada vez más lleno de maquetas diversas. ésta vez probé la escala 1/87, que ya conocía de los trenes, y de alguna maquinaria. Son realmente diminutos, hasta el punto de complicar la colocación de espejos. Pero a la vez ... son preciosos. Y una metáfora. Se que me queda mucho por aprender, pero he avanzado en estos doce meses.


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