He soñado que me enseñaban a pilotar una diminuta avioneta blanca y amarilla. La pista de despegue era el plano valle de un río, una llanura estrecha y larga. El instructor me enseñaba muchas cosas, a volver a poner en marcha el pequeño motor de dos tiempos si se detenía, a planear, a hacer virajes, a coger altura. Pilotar ingrávido me hacía sentir muy bien.
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