Silvana se limitó a hacer su trabajo. La rutina le resulta casi agradable. A pesar de que no mantiene relación con nadie a parte de sus compañeros de trabajo, se le antoja casi placentero. Un lugar al que llamar casa. Trabajo. Y el pequeño cachorro. Decidió llamarle Rex como aquel perro policía de una antigua serie de televisión. El vínculo entre los dos es precioso. El pequeño pastor alemán parece intuir su estado de ánimo y le colma de mimos, lametones. Atenderle es un placer. Darle comida, sacarlo a pasear, jugar con él.
Pero ... tiene un trabajo que hacer. Sutilmente, comenzó a acercarse a Mario. Hacen el mismo trayecto, a la misma hora. Se limitó a preguntarle algo trivial sobre el tren o sobre el tiempo. Y poco a poco dejó que fuera cogiendo confianza. Al llegar a la estación le busca con la mirada (aunque no lo necesita) y se sientan juntos. Una vez vencida la timidez resulta sorprendentemente locuaz. Sabe que debe mantener las distancias, pero el contacto con el perro y con él, es lo más agradable del día, lo que le da energía para seguir adelante.
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