Sabía donde estaba (más o menos) y dónde quería llegar. Con un coche o una moto hubiera bastado con seguir los carteles. Pero en bici no me valía cualquier camino. Tenía que ser una carreterina o un camino, no una autovía. Y al no conocer el lugar, no lo encontraba. Estaba a punto de sacar el móvil y usar google maps cuando encontré una solución mejor: ¡Preguntar!
En una rotonda me encontré con compañero ciclista y le pregunte. Se ofreció a enseñarme el camino. Me llevó por pistas y senderos preciosos. No era el terreno más adecuado para mi bici urbana/híbrida, pero descubrí que se puede hacer campo con ella y que mi técnica no está tan oxidada. Y que aunque sea tímido y vergonzoso (pero cada vez menos) soy capaz de preguntar. Hacía años que no iba en bici acompañado.
Disfruté muchísimo. Y se que estoy en el camino. Y que me equivoco y tengo mal genio, pero se pedir disculpas.
En el camino.
Qué bueno!!! A los hombres en general, os cuesta tanto preguntar por algún camino!!! Me alegro que los sitios por los que pasaras fueran tan bonitos. Y además en compañía, se disfruta más :)
ResponderEliminarAunque no deje de ser un estereotipo tienes razón. A mi no me gusta preguntar. Nada. Pero es necesario, a veces.
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