No voy a sentirme mal
si algo no me sale bien
he aprendido a derrapar
y a chocar con la pared
que la vida se nos va
como el humo de ese tren
como un beso en un portal
antes de que cuente 10.
Y no volveré a sentirme extraño
aunque no me llegue a conocer
y no volveré a quererte tanto
y no volveré a dejarte de querer
dejé de volar me hundí en el barro
y entre tanto barro me encontré
algo de calor sin tus abrazos
ahora sé que nunca volveré.
(Hay una frase con la que me identifico, la he puesto en negrita. En el barro me encontré, a mi verdadero yo. Mis mejores cualidades, mi fortaleza, mi resistencia. Y el barro está cada vez un poco más lejos. Solo estará en los caminos, en las cubiertas de tacos de mi bici, no en mi mente, no en mi estado de ánimo).
Nadie es perfecto, yo tampoco lo soy, y, como en el título de la entrada, debo aprender de mis errores, y no regodearme en ellos.
Por eso ahora voy a desgranar momentos positivos. Me había prometido no volver a escribir entradas en las que expresara como me siento, los momentos menos buenos, pero escribir es mi terapia y ... ¡Es mi blog! Escribo lo que quiero. (Ojo. Post largo
1.
Era el día de mi cumpleaños. No había dormido demasiado bien (a pesar de tomar 1/3 de Z), de hecho acabé paseando en plena oscuridad de madrugada con la 29" -cosa que no debería hacer-. Pero después de comer con la familia y sabiendo que las vacaciones estaban al alcance de mis manos, pues me sentía mejor. A pesar de tener que ir al médico. Ya no me pone nervioso. La doctora es amable y comprensiva y me da buenos consejos. Y por mi parte soy educado y le agradezco su atención. Es su trabajo, pero hay formas y formas y ella me da confianza.
Iba pronto. Si voy tarde me pongo nervioso (recordando a Marta "ya es una nerviosa como para ponerse nervioso" o algo así). Más nervioso. Pero iba escandalosamente pronto así que intentaba caminar despacio, contando los pasos. Cosa que me cuesta. Vi una moto, una pequeña "trail" (mixta campo carretera) de 50 cc, un ciclomotor. Azul. Viendola de culillo no la identificaba, así que, como tenía tiempo, para allá que me fui. Era un ejemplar raruno, del que se ven pocos. Muy sencilla, básica, pero con el encanto de la sencillez. Se me antojaba una de esas motos para pasear por pequeñas carreteras comarcales y por caminos, con una caja de plástico, de esas donde se lleva la fruta, sujeta en el portabultos y llena de cosas.
Me puse a hacerle fotos con el móvil. Me pone, o me ponía, nervioso hacer fotos por la calle si hay gente cerca. Me da mucha vergüenza. No parecía haber nadie cerca así que me recreé. Detalles del motor, de la instrumentación y hasta de la piña izquierda. Hasta que escuché una voz a mi espalda.
-¿Te gusta?-
Me dio un vuelco el corazón, pero en lugar de salir corriendo me volví. Era un camarero o algo así, un poco mayor que yo, con un delantal negro. Nos pusimos a hablar de la moto, de que se habían fabricando muy pocas unidades etc. Increible. A mi que me cuesta horrores hablar con algien con quien no tenga confianza, hablando con un desconocido por la calle. Tras un rato de charla, le deseé que tuviera buena tarde (el estaba currando y sentía que le interrumpía) y me despidió con un "hasta luego majo". Y me alejé con una sonrisa en los labios y seguí camino del centro de salud haciendo fotos a los coches que me llamaban la atencion. Creo que el local del que salió el camaredo era una pizzería y fantaseé con volver algún día, tomarme algo y charlar con él de motos.
Consulta. No tengo que esperar mucho. Le cuento cómo me siento a la médico. Me quedo con una frase suya, para apartar los pensamientos negativos: Esos pensamientos no son tuyos, son de la angustia.
2.
Clack. La cala izquerda entra en el pedal. Por primera vez. Ayyy me voy a caer y viene dos chicas caminando de frente. Casi por instinto libero los dos pies girando el talon hacia fuera y salvo la caida. Uf. Pierdo confianza y hasta unos metros después voy con el pie derecho enganchado, pero izquierdo suelto, solo apoyado. Luego unos metros más adelante me atrevo a enganchar el pie izquierdo y, por un pequeño parque desierto, en penumbra, pruebo a pedalear, a hacer pequeños giros y me siento más cómodo. Tras pasar por el supermercado vuelvo a casa en bici. Sin enganchar el
pie izquierdo en ningún momento y nada más llegar quito los pedales
automáticos y vuelvo a poner los de plástico convencionales. Me he
puesto muy nervioso y hasta que no tenga más confianza en mi mismo,
prefiero no arriesgar una caida. (El miedo a caer fue superior, ésta vez
... sólo por ésta vez).
El final de la noche. El principio de un nuevo día.

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