domingo, 16 de noviembre de 2014

Caprichos (7)

La puerta se abre completamente, levanta la vista. Es la misma enfermera. Sonríe. Le devuelve la sonrisa.

-Creo que os habéis caído bien-

Se lleva la bandeja con los platos vacíos y vuelve a dejarles a solas. Lo agradece. Acaricia al cachorro, lo abraza. De forma inconsciente utiliza su don para explorar al cachorro. Es muy diferente a explorar el interior de la mente de un humano. Pero siente su cariño y su alegría y eso le basta. Han conectado de alguna manera. Y presiente que él sabe que ella es especial. Él también lo es. En su rostro se dibuja una expresión de sorpresa, abre la boca y suspira. Todo encaja. Coge en brazos al cachorro y vuelve a la cama. En el lugar que ocupaba la bandeja, hay una carpeta color arena que no recuerda haber visto antes. Sin dejar de acariciar al cachorro, la abre. Papeles. Textos. Fotos. Fotos que parecen hechas desde lejos, con teleobejetivo. Un chico. Bueno, ya un hombre. Ventitantos años. Corriente. Ni feo ni guapo. Más guapo que feo quizás. Adivina timidez en sus gestos. Y una vida ordenada: los lugares en los que tienen lugar las fotos se repiten. Una calle. La puerta de un supermercado. Una estación de tren.

La voz de Virginia no le sobresalta, porque le ha presentido llegar.

-Como supongo imaginarás, ese va a ser tu objetivo.-

-No se a qué te refieres. ¿Objetivo? No soy un soldado.-

-No, por supuesto que no. Eres mucho más valiosa que un soldado. Si quiseras, podrías derrotar a toda una unidad con tus manos desnudas.-

-Pero no quiero ¿me escuchas? ¡No quiero! Prefiero dejarme morir antes de hacerlo-

2 comentarios:

  1. Sustancia... Me gusta el párrado del perro. Me intriga lo que puede hacer...

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    1. Mmmm. En parte lo he imaginado, en parte está por imaginar.

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