lunes, 24 de noviembre de 2014

Caprichos (12)

Al llegar a casa lo supo. Alguien estaba dentro. Era algo que, a los que no eran como ella, a los humanos corrientes, le era muy complicado de explicar. Podía sentirlo. Podía sentirla, concretamente. Era una mujer. Un poco más joven que ella. Ante la puerta de acceso al loft, casi de forma inconsciente, utilizo sus sentidos para explorarla. Era algo ... Mágico. A veces se sentía como una ladrona de sueños, de emociones, de recuerdos. Accediendo sin permiso a los rincones más íntimos de la mente de las personas. Siempre que le era posible, pedía permiso. Intentaba explicarle a quién tenía delante su percepción. Y le rogaba que, si en algún momento se sentía muy incómodo, muy avergonzado, que simplemente pensara o le dijera que parara. Pero la mayor parte de las veces no tenía elección.

Silvana suspiró en silencio e intentó concentrarse, de nuevo, en sentir. La emoción característica que percibía de aquella mujer desconocida era el amor y la dedicación por los animales. Accedió a un recuerdo lejano y, fugazmente, la vio siendo muy pequeña rodeada de perros. Los perros confían en ella, le dan su cariño, intercambian lametones, caricias, mimos. Con el tiempo se convirtió en una doctora de animales. Una veterinaria.

Abrió la puerta. Ella estaba sentada en la parte de la estancia que hacía las veces de salón, sentada en un sillón. Y no estaba sola. El precioso cachorro de pastor alemán estaba en su regazo. El instante en el que ambos se vieron y percibieron, fue mágico. De una forma que no podía explicar, aunque solo habían estado juntos una vez, sintió que entre los dos había germinado un vínculo fuerte. Se le antojó resistente, capaz de soportar varias toneladas, como el cable de acero de una grúa industrial. El cachorro corrió a su encuentro. Silvana sonrió y dejo que las emociones que aquel perro le transmitía la embargaran completamente. Se sentó en el suelo de tarima sintética y recibió al perro en sus brazos. Caricias, lametones. Precioso. El cachorro estaba tan a gusto con ella. Sintió que aquel perro podía darle, en parte, el cariño que tanto necesitaba.

Se había olvidado de la veterinaria. Levantó la vista, sin dejar de acariciar al cachorro.

-Es precioso. Habéis conectado desde el primer minuto.-

-Si. Completamente.-

-Tenía ganas de conocerte, Silvana. Me llamo Paula. Me habían hablado mucho de ti, y se quedaban cortos.-

-Me halagas, pero no soy tan especial como crees. Y si me conocieras mejor, me tendrías miedo.-

El rostro de Paula se entristeció. A partir de entonces la conversación tuvo lugar en un plano mucho mas profesional. Le explicó que Virginia, como premio por haber seguido las precisas instrucciones en relación con Mario, había decidido que se encargara de cuidar al cachorro. Paula le explicó que le había traído todo lo necesario para que cuidara del perro, desde pienso, pasando por juguetes y hasta un transportín. Después se despidió y los dejó a solas. Lo agradeció. El amor que sentía por el animal colmaba su ser. Ya no estaba sola. El recuerdo del placer físico y lejano cruzó su mente un instante. Él era un perro. Y ella llevaba demasiado tiempo sin que ningún hombre le proporcionara cariño y placer. Suspiró.

2 comentarios:

  1. Yo... Te recomendaría tener un perro. Haría que salieras a la calle, que conocieras a gente, saldrías de la rutina en la que estás inmerso, y te haría compañía...

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    1. Has dado en parte con la clave
      -Salir a la calle
      -Conocer gente
      -Salir de la rutina
      Me conoces casi como si me hubieras parido.

      Me cuesta salir a la calle, relacionarme con la gente y si, suelo llevar una vida rutinaria.

      Me apunto todo esto para el viernes ...

      Siempre me han llamado la atención los perros ... pero estaría tanto tiempo solo :S Me da pena por el animal.

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