martes, 25 de julio de 2017

Estrellas

Soné con aviones y estrellas.

En mi sueño era un niño pequeño, como de cinco años y le preguntaba a mi madre como llegar a las estrellas, como tocar las estrellas. O quizás no era un niño, sino que veía la escena desde fuera, como en una película.

También soñé con aviones y al despertar casi podía sentir los mandos del avión bajo mis manos, mientras me duchaba. Aunque nunca haya tocado siguiera los mandos de un avión. Por la tarde, de vuelta a casa, pude contemplar el vuelo de una avioneta a ras de suelo. Su silueta y el potente sonido de su motor me fascinaron.

Seguir adelante, aunque venga viento de cara y agua de cara.

Siempre.

Asomarme a abismos ajenos y en parte propios, estremecerme e intentar transmitir energía. Porque las palabras no curan pero confortan. Aunque nada me gustaría más que ser capaz de hacer feliz a la gente que quiero con sólo desearlo. O al menos aliviar su sufrimiento.

Alivio. Si.

No he tomado drogas, salvo con receta. Pero si las tomara, buscaría la calma. Poder dormir. Tranquilidad. Recuperar el hilo de mis pensamientos. La ausencia de dolor.

Ayer a punto de dormir pensaba ¿los pensamientos sirven para algo? Los buenos deseos, las palabras nunca dichas aunque mil veces pensadas. Alguien me dijo que los pensamientos son a la vez insonoros y poderosos. No lo sé. Pero no puedo evitar enviar buenos deseos a gente que ni siquiera conozco.

Aprender de errores propios y ajenos. Intentar que el surrealismo (de nuevo) no me afecte. Y buscar soluciones propias, no elegantes, pero eficaces.

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